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¿Realmente se puede conocer a Dios?

Pbro. Juan Carlos Mayorga Enríquez.

2020-10-18

Principios de la fe católica

¿Por qué Dios no se manifiesta más claramente? ¿Por qué no nos dice abiertamente quién es Él?

 

Muchas personas afirman que no se puede conocer a Dios. Quizá tú te has encontrado con alguien que asegura eso, y hasta se reconoce como un agnóstico. Este tipo de personas, a diferencia de quienes se dicen ateos, no niegan que Dios exista, sino que se puede conocer nada de él. Ellos piensan que, como Él es tan superior y diferente a nosotros, sería imposible para el hombre tan sólo el imaginar cómo es Dios realmente. Pero… si no se le puede conocer, en la práctica es casi igual a vivir como si no existiera. En esto, sí se parecen un ateo y un agnóstico.

Hemos comentado que a Dios sí lo podemos conocer, pues Él mismo se nos ha revelado y manifestado. Él le ha hablado a la humanidad y nos ha dicho quién es Él, qué espera de nosotros y hasta nos ha dado grandes muestras de su amor. Claro, el lenguaje de Dios no siempre se percibe con facilidad. Para poder captar ese mensaje, es necesario ir más allá de lo obvio, de aquello que se pueda ver y tocar, para dar espacio a la fe.

Si se tiene un poco de fe, se puede reconocer que Dios nos habla, principalmente, a través de las palabras que encontramos en la Biblia, en el testimonio de quiénes han tenido una experiencia más profunda de Él y en los acontecimientos de la vida.

Pero ¿por qué Dios no se manifiesta más claramente? ¿por qué no nos dice abiertamente quién es Él?

Mira, Dios sí habla clara y abiertamente, el problema es que no lo captamos tan fácilmente, porque somos limitados.

¿Limitados? ¿En qué sentido?

Sí, tenemos muchas limitaciones. No todo lo conocemos, ni tampoco todo lo podemos comprender. Hay realidades que están muy por encima de nosotros y que nos superaran. Y, evidentemente, Dios, a quien reconocemos como un ser infinito, forma parte de ellas. En realidad, si no captamos a Dios con facilidad, es porque nos falta estar más habilitados para ello.

Te voy a poner un ejemplo: si un estudiante de bachillerato va un día a la Universidad y asiste a una clase de doctorado en la que se está tratando una materia sumamente compleja, no debería extrañarse que muchas veces sienta que no entiende nada, o que parecería que le están hablando en un idioma totalmente distinto. A ese estudiante le parecerá, lo más natural, que esa materia le supera por completo. Algo parecido podría decirse que sucede con la comprensión sobre Dios que puede alcanzar el hombre.

Si ese estudiante de nuestro ejemplo dijera que todo lo que ha oído en esa clase es mentira por la sencilla razón de que él no entiende nada, habría que hacerle ver –con mucha amabilidad, por supuesto– que su capacidad de entender las cosas no es quien decide y concede la verdad a ellas. Es decir, no porque algo no se pueda entender, es falso. De hecho, la verdad no está obligada a ser entendida completamente por todas las personas. Y esto quiere decir que seamos tontos, ni que renunciemos a la razón, sino simplemente constatamos que tenemos limitaciones. Por eso dijo el filósofo y científico Blas Pascal que la grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez.

Volviendo al ejemplo anterior, podemos decir que si el profesor que imparte la clase de doctorado se viera cuestionado por el chico de bachillerato que no entiende lo que explica, el docente intentará hacer aproximaciones a esa verdad, con ejemplos o simplificaciones más o menos afortunadas que ayuden a que el estudiante entienda algo de lo que enseña. Pero no logrará hacerle entender todas las clases perfectamente y hasta sus últimas consecuencias, simplemente porque están a otro nivel.

Pensar que uno es tan listo como para abarcar por completo a Dios es una ingenuidad muy grande. Si alguien dice que Dios no existe, porque no cabe por completo en su cabeza, habría que hacerle considerar que, si Dios cupiera por completo en su cabeza, quizá entonces ya no sería Dios. Lo mismo escribió san Agustín, hace más de 1600 años: “si lo entiendes… no es Dios!”

Esto no quiere decir que el hombre no pueda conocer algo de Dios. El hombre puede conocer a Dios por dos motivos: primero, porque Dios, aunque es ilimitado, Él sale al encuentro de nosotros y se deja conocer, y segundo, porque Dios nos ha dado una mente racional, que puede reconocer la existencia de un dios creador y ordenador del Universo.

Y esta capacidad de racionar que tenemos, se deja de iluminar por la fe… entonces se puede pasar del conocimiento de un dios creador, al conocimiento de un Dios personal, con rostro humano, como es Jesucristo.

—Pero, Dios podría hacer algo para que le conozcamos más fácilmente...

Pienso que ya ha hecho mucho. Quizá sea al hombre a quien falte poner algo más de su parte para reconocerle. ¿Qué es lo que faltaría? El dar crédito a que lo que se conoce de Dios por fe, pueda ser verdadero, y no un mero mito. Y, junto con esto, haría falta una buena dosis de humildad. Sin esta importante virtud, el hombre no puede dar crédito a aquello que lo supera, pues la soberbia nos hace sentirnos los jueces y dueños de la verdad.

En este sentido, muchos de los de tu edad que ahora no creen, posiblemente cuando eran niños, sí eran creyentes y hasta piadosos. Se podría pensar que en la infancia se es más ingenuo y que por este motivo, se les da crédito a historias llenas de fantasía. Es cierto, pero también no vamos a negar que conforme vamos creciendo nos vamos haciendo más soberbios. La soberbia nos impide ver las maravillas de Dios y de la vida. Por eso, Jesús puso como ejemplo a los niños, y nos invitó a ser como ellos, en su sencillez, confianza y humildad, para poder conocer el Reino de los Cielos.

A quienes no creen, o dan por un hecho de que Dios no se puede conocer, los invitaría a plantearse otro tipo de preguntas, acerca de la existencia y del conocimiento de Dios. En lugar de buscar las razones para negarla, sería bueno que se preguntaran: ¿y si fuera verdad todo lo que dice el cristianismo? ¿Y si fuera verdad que ese Dios infinito se hizo hombre para salvarnos? Te reto a ello.


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