Amar
¿Realmente existe Dios?
Pbro. Juan Carlos Mayorga Enríquez
2020-01-01
Apologética, Principios de la fe católica
¿Cómo puedo comprobar su existencia? Si existe ¿Cómo sentirlo y experimentarlo?
Esta es una pregunta que la mayoría de los seres humanos nos la hemos hecho, y quizá más ahora que antes. El pensamiento de Dios está en la mente del hombre desde tiempo inmemorial. Aparece con insistencia en todos los lugares y todos los tiempos, hasta en las civilizaciones más arcaicas y aisladas de las que se ha tenido conocimiento. Se puede decir que no hay ningún pueblo, ni período de la humanidad, sin religión.
La existencia de Dios ha sido siempre una de las grandes cuestiones humanas. El hombre busca respuesta a los grandes enigmas de la condición humana que, tanto ayer como hoy, se presentan inevitablemente en lo más profundo de su corazón. Quizá alguna vez te has preguntado: ¿cuál es el sentido y el fin de nuestra vida, del bien y del mal?, ¿cuál es el origen y el fin del dolor?, ¿qué tengo qué hacer para para conseguir la verdadera felicidad?, ¿qué hay más allá de la muerte?, ¿habrá un premio para los buenos y un castigo para los malos? Todo apunta hacia el misterio que envuelve nuestra existencia, de donde procedemos y hacia el que nos dirigimos, hacia aquella misteriosa fuerza que está presente en el curso de todos los acontecimientos humanos, y que impregna la vida de un íntimo sentido religioso.
—Pero, ahora no queremos repetir lo que se hizo en el pasado. Si antes la gente era religiosa, ¿por qué tendría que serlo actualmente? ¿no sería la religión un asunto ya superado?
Mira, no se trata de repetir las cosas, simplemente porque se piensa que el pasado era mejor que el presente. Se trata de echar una mirada a la historia, y descubrir, como decía el gran filósofo Aristóteles, que si la religión es una constante en la historia de los pueblos, ha de ser porque pertenece a la misma esencia del hombre. El hombre es religioso, porque está, por decirlo así, escrito en su ADN.
Las lecciones de la historia nos dicen que, por fuerte que haya sido a veces la hostilidad o el influjo antirreligioso de su entorno, jamás el hombre ha quedado totalmente indiferente ante el problema religioso. De hecho, en dondequiera que han intentado suprimir las instituciones religiosas, o se haya perseguido de un modo u otro a los creyentes, las ideas y los hechos de la religión han vuelto a brotar una y otra vez. La pregunta sobre el sentido de la vida, sobre el enigma del mal y de la muerte, sobre el más allá, son interrogantes que jamás se han podido eludir. Dios está en el origen mismo de la pregunta existencial del hombre.
Pero, algunos de mis profesores y amigos me han dicho que todo es obra del azar, que realmente no existe un Dios que haya creado todo, sino que lo que vemos ahora no es sino fruto de la casualidad y de la evolución de las especies.
Te puedo decir que es argumento es tan viejo como la humanidad. Desde los tiempos más antiguos, el hombre se ha preguntado con asombro cuál sería la explicación de toda esa armonía que hay en la configuración y las leyes del universo. La mayoría ha intentado explicarla a partir de la idea de un dios o dioses que crearon todo; pero otros, han negado la intervención de un ser de origen divino en la conformación del universo.
A finales del siglo XVIII, con el movimiento de la Ilustración, las ciencias humanas comenzaron a desarrollarse rápidamente, y se creía que las religiones iban a desaparecer. Con la sola luz de la razón, el hombre podría responder a todas esas interrogantes a partir de la ciencia y, por tanto, la idea de Dios quedaría superada. Pero eso necesariamente sucedió cómo lo profetizaban. Las religiones continúan y, por el contrario, el progreso científico muestra cada vez más la existencia de una perfección que parece no ser fruto del azar.
Cuando el hombre de hoy observa la complejidad y perfección de los procesos bioquímicos en el interior de una célula diminuta, o la de los más gigantescos fenómenos de movimiento y transformación de las galaxias; cuando se asoma al mundo microfísica y propone unas leyes que intentan explicar fenómenos que suceden a escalas de hasta una billonésima de milímetro; o cuando profundiza en la estructura a gran escala del universo hasta límites de más de un billón de billones de kilómetros; contemplando todo ese grandioso espectáculo, cada día con más profundidad gracias a los avances de la ciencia, resulta cada vez más difícil sostener que todo obedece a una misteriosa evolución gobernada por el azar, sin ninguna inteligencia detrás.
Allí donde existe un plan, ha de haber alguien que planifica. Y detrás de una obra de tal complejidad y de tales proporciones, ha de haber un creador, cuyo poder y sabiduría sobrepasan cualquier medida. Pensar que toda la armonía del universo y todas las complejas leyes de la naturaleza son fruto del azar, sería como pensar que una gran obra literaria se escribió sacando letras al azar de una gigantesca olla con una sopa de letras. Recurrir a una gigantesca casualidad para explicar las maravillas de la naturaleza es una explicación un poco ingenua. Es mejor reconocer, como lo han hecho grandes hombres de ciencia como Albert Einstein, que el universo nos muestra los trazos de una inteligencia creadora, superior a cualquier otra inteligencia.
Sí, es interesante lo que dices, pero ¿quién ha visto a Dios? En definitiva, no se puede creer en alguien a quien no ves.
Es cierto, en esta vida, nadie ha visto a Dios directamente, en la manera en la que tú lo piensas. Pero, muchos lo hemos visto indirectamente, y de una manera muy convincente.
En esta vida nunca veremos a Dios tal cual es, porque Él no es un objeto. Nuestros sentidos captan los objetos, pero no solamente nos quedamos con los datos que nos aportan nuestros cinco sentidos. También experimentamos cosas que van más allá de ellos. ¿Quién ha visto el amor? Nadie. Pero todos sabemos qué es el amor, porque lo hemos experimentado.
Las personas, como el amor, más que conocerlas como si fueran objetos, las conocemos a partir de una experiencia, y sobre todo, las conocemos más cuando más las amamos. Y Dios es una persona viva que se experimenta, como el amor, aunque no lo ves directamente, puedes percibir su presencia a partir de sus efectos. Sí, aunque no vemos a Dios físicamente, lo podemos ver con los ojos de la fe, con los cuales, podemos descubrir su presencia viva.
Si Dios es amor, donde quiera que exista un amor auténtico, ahí se puede descubrir la presencia de Dios. Si hay amor y un poco de fe, podemos también ver a Dios en nuestros padres, hermanos y amigos, y hasta en los desconocidos, porque Él está presente donde está el amor presente.
Por eso, te invito a que tengas una visión más amplia de la realidad, y que no te limites a ver la vida como si fuera sólo una serie de fenómenos y objetos que está aquí por azar, sino por amor, porque alguien así lo pensó para ti. Tan sólo piensa, ¿los seres que amas están a lado de ti por casualidad? .... Yo prefería pensar que están ahí porque a través de ellos, Dios se hace presente y me manifiesta su amor.
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