Evangelio del día
Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”
Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” Él le contestó: “Señor, que vea”. Jesús le dijo: “Recobra la vista; tu fe te ha curado”.
Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
"Tu fe te ha curado”
“Entonces el rey prescribió en todo su reino que todos debían formar un solo pueblo –la imposición del pensamiento único; la imposición de la mundanidad– y que cada uno debía abandonar sus propias costumbres. Todos los pueblos cumplían las órdenes del rey; incluso muchos israelitas aceptaban el culto pagano: sacrificaban a los ídolos y profanaban el sábado. La apostasía. Es decir, la mundanidad te lleva al pensamiento único y a la apostasía. No se permiten las diferencias. La diversidad nos está permitida: todos iguales. Y esto también lo hemos visto en la historia de la Iglesia. Pienso en el caso actual que ha cambiado el nombre a las fiestas religiosas. Por ejemplo, a la Navidad del Señor se le ha dado otro nombre, (Celebraciones del Fin de Año) con el fin de borrarle su significado y su identidad religiosa".





