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Actualmente se está teniendo mucho énfasis en tener inteligencia emocional, es decir: identificar, comprender y expresar nuestras emociones. Muchas personas por su historia de vida y su personalidad les es fácil contactar con lo que sienten y decirlo. Sin embargo otras no, a muchas les resulta incómodo, difícil e incluso doloroso expresar todo lo que traen dentro.
Estés en la primera categoría o en la segunda, te diré porque es sumamente importante hablar sobre lo que sentimos.
Somos individuos biopsicosociales, es decir: nuestra mente, alma y cuerpo están en constante interacción. Cuando vemos, recibimos o detectamos algo del exterior, se queda guardado en nuestro interior. Aquí es donde el exterior se “procesa” y debido a esto experimentaremos ciertas sensaciones y emociones que cuando tenemos inteligencia emocional, las sabemos canalizar y expresar de la mejor manera. Pero cuando no la tenemos lo único que hacemos es reprimir y negar nuestros sentimientos.
El guardarlas puede traer múltiples alteraciones a nuestra salud como lo son:
• Dolores de cabeza
• Tensión muscular: en el cuello, hombros, espalda, mandíbula y cara
• Problemas digestivos: estreñimiento, gases, diarrea, colitis, úlceras, náuseas, vómitos e incluso mareos.
• Acné
• Mayor riesgo de diabetes y ataques al corazón
• Resfriados o gripes
Las emociones son energía que está fluyendo por todo nuestro cuerpo. Esta energía es la que nos mueve a reaccionar en nuestra vida diaria. Precisamente por ser algo que está “vivo” dentro de nosotros, al reprimirla únicamente estamos provocando que en un futuro se transforme y salga con más fuerza frente a un evento.
Para evitar eso, es necesario expresarlas, una opción es: hablar con un amigo de confianza. Platícale cómo te sientes, compártele tus miedos, anhelos, dolores… cuéntale todo. Saca esas emociones para que el día de mañana no te perjudique a ti.
Mafer Alujas.