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Se acabó el 2020 y ahora parece que nuestras expectativas están llenando el 2021 de una lista de deseos interminable, algunos deseos de salud, otros trabajo, otros de bienestar, de paz, de amor, de economía, de unión, pero al final de cuentas son deseos que la humanidad, en ese ardiente deseo de dejar atrás todo lo que golpeo nuestra vida el 2020. Y es que realmente fue un año diferente e histórico, pero sobre todo lleno de aprendizajes. Y no de esos aprendizajes para muchos ha sido el hecho de darnos cuenta de que, aunque nosotros tengamos nuestra agenda llena de planes al final quien tiene la última palabra es Dios. Y eso no significa que a partir de ahora no debamos planear, significa que al igual que cada año debemos dejar en manos de Dios todos nuestros planes, suena fácil pero no lo es, especialmente en esos momentos llenos de dolor, de tristeza, de pérdidas, de inquietud y ansiedad, donde no comprendemos la razón por la cual suceden ciertas cosas en nuestra vida. Y esto sólo puede sobrellevarse con fe y esperanza y no en un sentido abstracto o de falso optimismo, sino de un encuentro constante con el prójimo de animar a quien más tiene necesidad, de estar en contacto pese a la distancia para acompañar saber de cómo está el otro y escuchar. Cuando logramos salir al encuentro del prójimo es cuando resuena en notros ese espíritu de comunidad y unión que aligera la carga y nos abre el horizonte para no sólo pensar en mí.
¿Por qué esperar tanto del 2021?, creo que nuestro enfoque debe estar en esperar lo mejor de nosotros mismos y esperar lo mejor de Dios en nuestras vidas. Este 2021 traerá sorpresas y cambios como todos los años, pero la pregunta es ¿Qué habrá de nuevo en mí? ¿Qué será mejor en mi persona este año? Y ¿Qué estoy dispuesto aportar al mundo este año?
Deseo que este año Dios te conceda lo que más necesite tu alma.
Thaly Rangel