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Es normal experimentar miedo, estrés, preocupación en diversas situaciones que ocurren en nuestro día a día. Hasta cierto punto es sano y funcional para nuestra supervivencia. Ya que estas emociones nos mantienen alerta ante un peligro o una amenaza y nos ayudan a actuar. Es decir: sacar los recursos necesarios para enfrentar dicha situación.
Pero ¿qué es lo que pasa cuando estas emociones y sentimientos no se van?, al contrario, ¿se prolongan y se vuelven parte de nosotros? Cuando esto ocurre, aparece la famosa ansiedad. Aquí me enfocaré en la ansiedad generalizada. Este tipo de síntomas que aparecen por las preocupaciones relacionadas de nuestra cotidianidad. Por ejemplo: el trabajo, la familia, el dinero, la presión social etc…
Esta ansiedad generalizada se manifiesta a través de los siguientes síntomas:
- Preocupación excesiva por las cosas cotidianas
- Incapacidad para sentirse relajadas
- Sensaciones de agitación
- Tensión muscular
- Irritabilidad
- Pensamiento catastrófico y pesimista
- Problemas de sueño
- Cansancio crónico
- Dificultad para concentrarse
Actualmente escuchar a alguien decir que sufre de ansiedad, es visto como algo normal. Sin embargo es todo lo contrario, está bien normalizar el cuidar de nuestra salud mental, pero no tenemos que regularizar este estado. Ya que la ansiedad es el reflejo “visual”, es decir: lo que podemos notar a simple vista. Pero detrás de ella hay toda una serie de problemas y conflictos internos que necesitamos enfrentar y resolver.
Como conclusión: el ser humano por naturaleza es un ser adaptable. Se adapta a cualquier entorno y situación. Hay que cuidar en qué estados decidimos adaptarnos. No hay que acostumbrarse a vivir insatisfactoriamente. Si tienes ansiedad, actúa. Es posible deshacerte de todos estos pensamientos y sensaciones que no te dejan tener la vida que tú deseas.
Fernanda Alujas.